Rotura parcial ligamento cruzado anterior (LCA): Cuando la estabilidad no depende solo del ligamento
- Alejandro Conde Rubio
- 16 ene
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La rotura parcial del ligamento cruzado anterior, especialmente a nivel del tercio medio, implica una interrupción incompleta de sus fibras con preservación parcial de la continuidad y de la función estabilizadora. No debe interpretarse automáticamente como una lesión quirúrgica, ya que la imagen por sí sola no determina la gravedad funcional.
El pronóstico de este tipo de lesión suele ser favorable cuando no existen episodios repetidos de inestabilidad o sensación de fallo de la rodilla. Muchos pacientes pueden volver a su nivel previo de actividad si se respeta el tiempo biológico de curación y se realiza un proceso de rehabilitación bien dirigido.
El tratamiento más habitual en primera instancia es conservador. Se basa en el control del dolor y del derrame articular, la recuperación completa del rango de movimiento y un fortalecimiento progresivo de la musculatura estabilizadora, priorizando la calidad del movimiento sobre la carga precoz.
La cirugía no es la norma en las roturas parciales del LCA. Solo se valora cuando persiste la inestabilidad funcional pese a una rehabilitación bien ejecutada, o en deportistas con altas demandas rotacionales donde el riesgo de progresión a rotura completa es elevado.
La fisioterapia juega un papel clave en todo el proceso. No se limita al fortalecimiento muscular, sino que aborda el control neuromuscular, la propiocepción, la coordinación intermuscular y la capacidad de la rodilla para estabilizarse en gestos dinámicos y complejos.
La recuperación de la funcionalidad exige una progresión bien planificada hacia tareas de carga, desaceleración, cambios de dirección y rotación. El objetivo final es que el paciente recupere confianza, rendimiento y seguridad, reduciendo el riesgo de recaída o de lesión secundaria.





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