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Arreflexia vestibular

Sabemos que la pérdida vestibular puede ser unilateral o bilateral, siendo esta última especialmente incapacitante. La ausencia o disminución del VOR genera dificultad para fijar la mirada durante la marcha y aumenta el riesgo de caídas. Estudios clínicos han demostrado que el impacto funcional es comparable al de otras patologías neurológicas en términos de calidad de vida.


Clínicamente, la arreflexia vestibular se manifiesta con inestabilidad al caminar, peor en entornos oscuros o superficies inestables, y con visión borrosa al mover la cabeza. Muchos pacientes desarrollan estrategias compensatorias cervicales o reducen su actividad física, lo que agrava la discapacidad.


Aquí la fisioterapia vestibular tiene un papel central. La rehabilitación se basa en tres pilares: ejercicios de adaptación para estimular el VOR residual, entrenamiento de sustitución utilizando información visual y somatosensorial, y trabajo específico de equilibrio dinámico. La exposición progresiva al movimiento es clave para inducir neuroplasticidad y compensación central.


En la práctica clínica, diseñar programas individualizados con tareas como fijación visual con movimiento cefálico, marcha con giros y trabajo en superficies inestables mejora la estabilidad y reduce el riesgo de caídas. La evidencia nos muestra que la rehabilitación vestibular es eficaz incluso en casos de pérdida bilateral, aunque requiere mayor intensidad y constancia.


La arreflexia vestibular no se resuelve con reposo. Se trata con movimiento dirigido, dosificado y basado en principios neurofisiológicos. La fisioterapia no solo compensa la pérdida; enseña al sistema nervioso a reorganizarse.



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